Probablemente has escuchado decenas de veces que debes “imponerte” o ser el “macho alfa”.
Pero la realidad es que sus ladridos, sus tirones de correa o su ansiedad no desaparecen.
Tu perro sigue sufriendo y los paseos se han convertido en una fuente de frustración constante.
El problema es que el estrés crónico y el miedo no salen en las radiografías.
Y las tácticas anticuadas basadas en el miedo solo silencian el problema temporalmente, rompiendo vuestro vínculo.